domingo, 19 de abril de 2015

La paloma coja

¡Qué poquito te queda....!
Ahorraos la interpretación despectiva que siempre se ha dado a la expresión. No voy por ahí ni la utilizaré jamás, ni por paloma ni por palomo.
Bien saben quienes me conocen la poca simpatía que despiertan en mí tan singulares y empalagosas avecillas; pero son seres vivos y como tales desprecio profundamente a quienes puedan hacerles daño... lo mismo que me produce una profunda tristeza contemplar una paloma atropellada en nuestras calles.
Atravesar la Plaza de la Trinidad es un reto para los que padecen la temida 'ornito-fobia'. No digamos Bib-Rambla o cientos de espacios céntricos de una ciudad en la que, a veces, uno teme que se le eche una bandada encima...
Pero esta me inspiró ternura. Y hasta la perseguí a duras penas porque tal vez temió que me la echase al talego o porque ya está harta de persecuciones infantiles. Mal corría "con los kilos al derecho" (como diría el capataz a una cuadrilla de costaleros), esquivando torpemente a los plácidos paseantes. Muy torpemente.
La sentí herida de muerte porque, a pesar de su lozanía, el 'muñoncillo' seco de su patita es un pasaporte -sine die- del paso del río Aqueronte de las aves ingenuas. A saber qué bicho le comió su garrilla, o que pedrada se la arrebató dejándola asimétrica y desprotegida. Tarde o temprano, un felino callejero de los que abundan en el entorno de Derecho o en la misma plaza terminará por darse un festín a costa de la 'cojita'... y, entonces, una más a abonar los setos primaverales de la plaza; porque estoy seguro que la paloma de la foto no verá el próximo verano y, ciertamente, no puedo evitar sentir pena por ella.

martes, 17 de febrero de 2015

La vida es una "pómpola"

Irresistibles
Con nuestros artistas urbanos de las 'pompas' de jabón nos ocurre como con los demás artistas urbanos. Esperamos y contemplamos su espectáculo o habilidades un tiempo justo, lo suficiente como para no comprometernos demasiado ya que -consideramos muy astutamente- que si nuestro papel de espectadores no sobrepasa el par de minutos, como que nos liberamos de tener que soltar unos centimillos... O aprovechamos que el hombre deja en el suelo los pomperos para salir medio-corriendo y disimulando que nos llaman al móvil. Pero si vas con el niño y este se planta embobado, lo único que se nos pasa por la cabeza es de qué forma vamos a sacar del bolsillo una moneda inferior al euro, sin que se note demasiado que no queremos sacar el euro. Tan clarito. ¡Confesad este pensamiento!. 
La cuestión es que tendremos siempre la predisposición moral de la dádiva, seguimos entendiendo esto como una dádiva y no como una labor con la que hay gente que se gana la vida. Unos tendrán más gracia y soltura, otros menos, pero ahí están currándose el jornalillo de manera honesta al tiempo que nos hacen sonreír un rato. ¿es que la sonrisa de los críos o incluso la nuestra vale menos de un euro?. ¡Venga, hombre!. 

domingo, 14 de diciembre de 2014

Las luces y las sombras

No me pierdo. Me busco por aquí
"Cuando la tarde languidece, renacen las sombras...". Seguro que ya sabéis como continúa esta canción. A mí me viene a la mente, pero no desde los cafetales, sino desde la ribera húmeda y encajonada entre los viejos muros que hacen serpentear al Darro antes de meterse en las entrañas de Granada.
En estos días fríos no da tiempo a disfrutar de un atardecer huidizo y tan breve como los propios días; pero en ese instante fronterizo las callejuelas pisadas, a diario, por miles de turistas o caminantes de  boca abierta... en esos minutos de tránsito desde una tarde sin vida a una noche extraña, el empedrado exuda silencios y te mete por las piernas una sensación que te cala hasta el estómago.
A quien viene por vez primera le asaltan las confusiones de una Granada que, por estos andurriales, hace un guiño al zoco de Tetuán, quizá porque la ciudad marroquí a muchos se nos antoja la gemela granadina en el norte de Marruecos. Se trata de un escenario ciertamente turístico, es evidente, pero la conjunción de los bazares con el marco arquitectónico, costumbrista y social de la ciudad es suave y cariñosa.
Más allá de esas lámparas de evocador resplandor, en la insulsa tarde casi invernal, está el ensueño que cada cual se quiera hacer mientras sube y baja cuestecillas, mientras resbala sin querer sobre los pequeños cantos gastados mientras se piensa -con cierto placer- en un lugar oculto y menos turístico para dar cuenta de un tapeo casi sublime.
Allá por donde las sombras renacen, donde la humedad hiere la nariz en cada inspiración, siempre hay un hueco feliz para ser turista en los propios sueños...

domingo, 30 de noviembre de 2014

El conciertazo

El rock de la siesta...
No era la hora prevista para el concierto callejero. Y no había más público que algún turista japonés despistado pero a la vez extraordinariamente sonriente... Tampoco llegué a preguntarles el nombre del grupo. Ni quienes eran.
Eran las cuatro de la tarde. Un momento en el que la voz desgarrada y potente del vocalista -el mejor que he escuchado en años- rebotaba una y mil veces contra los muros (también potentes) de la Chancillería de Granada.
Esos son los momentos. Mis momentos. Aquellos en los que aún no hay multitudes, y tienes el privilegio de ser espectador único y preferente. Alguno de ellos se preguntaría quién osaba dar vueltas en torno a un escenario todavía desnudo de destellos, pero rabiando a la vez por transmitir una música que a pie de acera multiplica su valor, por aquello de la tremenda y valiente osadía del directo de los directos: el que horas más tarde le metieron por los oídos a la ya bulliciosa plaza Nueva. 
En esta Granada de los encuentros no hay mañana ni tarde sin un concierto urbano que meterte en los sentidos y ciertamente la busco en mis paseos; pero lo de este grupo fue mucho más allá porque volvió a reiterarme en mis propias convicciones: ¡la de gente profesional que hay dando el callo!.
No quería que esta foto a traición quedase en el tintero. Me dejaron con la boca abierta y quería contarlo. Un conciertazo.

domingo, 2 de noviembre de 2014

"¡Por favo..... siniora!!

Un día, como otro cualquiera, las palabras son arrastradas por pasos rápidos y extraños. Foto: F. ANGUITA
La música de fondo de nuestros andares cotidianos es también la sinfonía de la pobreza. La escuchamos... o, mejor dicho, sólo la oímos intentando no entenderla porque se nos antoja cansina, repetitiva y hasta ofensiva para los sentidos. Hemos de reconocer que es así, así de dolorosamente cierto. Tal vez nos auto justificamos ideando una historia falsa para el joven negro del vasillo; quizá nos atempera el cargo de conciencia el hecho de creer que no están tan necesitados como parecen (vestidos con decoro, limpios, educados hasta el extremo...); puede que no nos terminemos de creer su pobreza; pero la pobreza también se muestra con manos limpias y con dicción perfecta de dos o más idiomas. 
Creo que es imposible dejar una moneda en cada vaso de Granada, por más que en el fondo todos lo querríamos; pero en aquellos vasos donde no haya lugar para nuestro dinero podíamos dejar -AL MENOS- una sonrisa cálida, incluso cómplice; pero nunca -JAMÁS- paternal, complaciente o condescendiente. 
Este joven, como tantos otros nunca albergaron la esperanza de convertirse en figurantes de nuestra cotidiana comedia, ni en maniquíes de un callejero comercial repleto de viandantes con bolsas de franquiciados. 
Siempre me han caído bien, siempre me inspiraron un profundo respeto y hasta una cierta admiración por su valor ante el desprecio social al que son sometidos y que, incomprensiblemente, nunca les hace perder la sonrisa. Pero de este sentimiento no quiero que nadie entienda que se desprende una bondad caritativa mal entendida, sino porque me asombra su extraordinaria dignidad como personas a las que no humillará jamás la miseria, por mucho "¡po favo...siniora!" que repitan una, otra y otra vez mientras caminamos disimulando que ni los vimos, mientras que nuestros pasos arrastran sus palabras y estas se quedan pegadas en el suelo de la calle Alhóndiga.
A quien no los comprenda, a quien molesten con su presencia que piense -aunque sea por un segundo- qué le pasaría por el cuerpo si tuviese que clavarse diez o doce horas diarias pidiendo una puta limosna. 

martes, 24 de junio de 2014

Carta de sensaciones

En cada rincón
Desconozco si Granada, al cabo de la 63ª edición de su Festival Internacional de Música y Danza habrá a terminado de darse cuenta de lo que este evento de resonancia mundial tiene para la ciudad. A veces da la sensación de que la capital lo mira un tanto de soslayo, aunque he llegado a la conclusión de que esto no es más que un detalle, como la aparente indiferencia de quien quiere a alguien o a algo solo por el hecho de la reiteración en el tiempo de un cariño que, al cabo de tantos años, puede parecer aletargado. Pero no. Eso es solo a veces. Creo que está claro que Granada no solo luce palmito con su festival, sino que lo ama en un profundo y reverencial silencio. El granadino lo vive en sus rincones, en sus mágicos escenarios y sabe escoger en la maravillosa carta de un repertorio anual cuajado de novedades y sorpresas. Y si, para colmo de bienes, una auténtica invasión cultural y turística se deja sentir en los cuatro puntos cardinales de la capital, mejor que mejor... ¡Que lo disfruten ustedes!. A ser posible bajo un cielo estrellado y con el rumor de fondo de surtidores mágicos y eternos.

domingo, 8 de junio de 2014

Hoy no me quiero recoger...

Más que un susurro
Los días se hacen tan pesados como eternos y el calor es un mazazo fuera de las calles entoldadas. Pero el anochecer trae regalo doble a la Granada de junio que se está "emperifollando" para sus fiestas: la suave templanza y la conquista de los susurros. A las diez de la noche la calle huele a un semi-fresco juguetón que te da en la cara a ramalazos, mientras que el sonido del agua invita a dar rodeos por las plazuelas en busca de una y otra de esos pequeños reinos de los sentidos que son las terracitas. Del Darro para arriba ni cuento, es el delirio. Más en el corazón de la ciudad conviene ir preparados para volver tarde a casa, porque la noche de comienzos de verano es como una novia antigua detrás de la ventana con reja cubierta de geráneos... hay que cortejarla hasta que los grillos se cansen de madrugada.