jueves, 23 de febrero de 2017

Un romance prohibido

Foto: GLORIA ZAMORA PAREJA

Granada es una novia que te coge en volandas y te lleva en un instante ante el altar de tus propios sueños. Su mejor arma, para conseguirlo, es enseñarte su noche. Y la noche de Granada, desde las alturas de un Albaycín cómplice y presumido, marcará un antes y un después en tu relación con esta ciudad.
Yo mismo no me di cuenta (porque no me di cuenta) que ese fondo inmenso, brillante, espectacular, soberbio y casi cósmico terminaría por hacerme entender Granada de otra manera. No se si es ese silencio que grita, el reflejo de las murallas nazaríes que te están mostrando el alma de los siglos o si es esa sensación de amor que te envuelve cada vez que te asomas al mirador de este grandioso espectáculo.
Lo único que he terminado por asumir es que, siempre que vuelvo a las alturas de la Granada nocturna (desde el lugar que sea, pues su belleza se otea en 360º), siento una especie de borrachera feliz, de sensación de que el mundo es maravilloso, de la libertad de mi propio pensamiento y de que la vida es pura magia.
En ese instante de pasión que vives, de manera muy íntima, con esta ciudad, estás firmando el consentimiento para continuar enamorado de ella para el resto de tu existencia, como si fuese un romance prohibido. A mí me pasó, al igual que ayer mismo a Sergio Rubiño Martos, quien -como tantos estudiantes llegados a la capital- ha caído irremediablemente en las redes de una noche qué, seguro y segurísimo, lo ha embrujado para siempre. 
Lo que él no sabía (o igual sí) es que al levantar los brazos, Granada le estaba entrando muchísimo mejor en el alma. Ya lo sabes, Sergio, ¡no la dejes escapar!.

jueves, 16 de febrero de 2017

El celofán ámbar

Hoy, quiero volar. F.A.
No hace falta la observación de que la foto está mal hecha. Es evidente. Claro que subiendo cuestas a las dos de la madrugada no andaba uno pendiente de la faceta más artística del momento y sí, no obstante, por beberme la noche a sorbos largos y pausados. 
Desde las alturas, Granada es inmensa. Y una vez la descubres de noche, sabes que jamás podrás renunciar ni eludir su encanto. Desde cada ángulo es una Granada diferente. Son cachos de la Granada envuelta en un celofán ámbar; un regalo delicioso que te va dejando embobado hasta que finalmente te sientas en algún poyete y te dedicas a contemplar. Jamás será igual al día anterior. La luciérnaga urbana se extiende y resulta confusa de distinguir hasta en sus formas más elementales; se vuelve de todas las épocas y de ninguna a la vez, pero la magia de la nocturnidad es de tal envergadura que más que asombrarte te hace una mueca en el alma para que jamás olvides que una noche, ella, la Granada intemporal, te rebanó los sentidos para que sintieses, una y mil veces, la necesidad inmensa de volver... como su horizonte de luces.

domingo, 12 de febrero de 2017

En la frontera sur de la imaginación




El empapelado de la escuela no dejaba lugar a dudas. Aquí manda la paciencia sobre la impaciencia y la visión sobre la vista.
La Semana del Diseño, escaparate mundano de la inquietud del alumnado y ex-alumnado de los estudios superiores de Diseño Gráfico y Diseño de Moda, huéspedes de honor del ya rancio edificio de la Escuela de Artes de Granada, ha vuelto a contarnos algo que nunca terminamos de aprender: que los profesionales son profesionales se ponga el mundo como se ponga; y en un terreno tan advenedizo como el diseño (donde caben tanto el sobrino del jefe que "maneja muy bien el ordenador" hasta la famosa-petarda de TV que, ahora, "diseña" joyas), no está de más que se marque bien la frontera, pero jamás tratando de trazar una línea divisoria o discriminatoria... ¡no!, sino contarle a quien esté preparado para ser receptivo, que las ideas hilvanadas en las mentes preparadas, nacen tejidas uniformes, suaves y a la vez contundentes. 
Un espacio tan heterogéneo, como el salón de actos o el pasillo de la escuela de la calle Gracia, deja más interrogantes que respuestas, pero del bullicio ingenioso, ocurrente y -vuelvo a insistir- profesional de sus alumnos, solo cabe una vez más el quitarse el sombrero. 
Me da a mí que en esa frontera que existe en el mismo centro de Granada, no admiten más pasaporte que la valentía, la preciosa arrogancia y la clarividencia de los diseñadores.
¡Ah, y el ambiente genial!.

Donde la inspiración se escabulle

El Realejo me confunde
No se si la tarde lo es aún. Desde hace un buen rato deambulo por un extraño pasaje de todos los tiempos donde se confunden las percepciones. Dicen que este Realejo es un pueblo adoptado dentro del corazón de Granada; pero yo más bien creo que ni es adoptado ni pertenece, sino más bien que subyace. Porque El Realejo es a la vez territorio definido y, al mismo tiempo, se expande de manera inmaterial por toda la capital.
¡Respira hondo! ¡pasea! ¡escucha tus pasos camino de Santo Domingo!
Sinceramente, pienso que los ecos románticos andan juguetones por estas calles, en las que se te van cayendo versos de los bolsillos, tu inspiración va diez pasos delante de ti y el sonido de lo intemporal es como una música envolvente que aquí, sólo aquí, es posible escuchar si de verdad eres un poco diablillo.... y yo lo soy (o creo serlo).

lunes, 12 de octubre de 2015

Se me vuelve a ir la pinza... ¡Esta luz!

Luz que engaña todos los sentidos (Foto: María Romero Escámez)
Te pongas donde te pongas; el atardecer de Granada te persigue de soslayo e intenta meterse en tu retina aunque le des la espalda... cosa, por otro lado, imposible ni siquiera si lo provocásemos maliciosamente. Pero hay más; en este tiempo que no deja de confundirnos con temperaturas imposibles y chapetones inesperados, la luz ambarina de estas horas extrañas nos hace evocar anticipadamente sucesos felices que habrán de venir, pues tiene esta luz la virtualidad de los buenos augurios y el extraño poder de que sin darnos cuenta respiremos hondo y felices, mientras miramos con los ojos entornados hacia esa sierra que aún permanece desnuda y esperando enamorada su vestido blanco.
Yo creo que este atardecer eterno de Granada nos atonta hasta los sentidos de que carecemos y al mismo tiempo nos lleva a hacer curiosas locuras, como ir a paso rápido a bebernos la tarde con sorbos de humedad mientras balanceamos nuestra visión por ese fantástico balcón de vértigo que es el pretil bajo el que corre el viejo Darro.
Evocamos un invierno en el que te duelen los pulmones al inspira y en que el horizonte de Granada se dibuja en color rosa; soñamos con una primavera de olores indefinidos e infinitos. Queremos olvidarnos del otoño en la prisa por acariciar la flor de las nieves sobre nuestras manos abiertas. ¡Y yo que sé que más, porque esta luz aturulla el sentido común hasta la imbecilidad más absolutamente preciosa!.
Ya lo dice María Romero Escámez, a quien le robé la foto: "Con esta luz te miro, Granada. Tal vez quien renuncia a mirarte, es que no ha visto aún cómo atardeces". Lo malo, María, es que cuando lo has visto te vuelves ciego ante todo lo demás.

lunes, 25 de mayo de 2015

Las luces del Corpus

Cristales encendidos. F.A.
Cuando las bombillas de colores inundan el centro de Granada, tenemos la sensación de que el verano se nos ha metido por las narices. Hubo años en los que el Corpus era, para nosotros, sinónimo de encierros sudorosos en el piso; noches eternas de apuntes, café, tabaco y conversaciones a ventana abierta que nos echaban la noche por alto en mitad de confesiones inconfesables. No hubo nunca, apenas, feria para los estudiantes más allá de un par de cervezas en Los Pipos. Y ahora, aunque continuamos siendo estudiantes, nos gusta el rebufo de una fiesta que me gusta más en el callejeo que en el propio ferial. Hubo años en que las luces se mantenían encendidas durante toda la celebración del Festival de Música y Danza... hoy se ha economizado al máximo, pero bien es cierto que hay un algo tan especial en el airecillo cálido de Granada, en estos días, que a pesar del subidón de alergias se nos mete por los sentidos y jalea a nuestra euforia. Sensación guapa, donde las haya, pasear cuando la noche ha caído y se encienden las bombillas mientras abandonamos el ruidoso centro en busca del Darro. Pero lo mires por donde lo mires, el paseo por estas tardes eternas te llevará siempre a una Granada nueva, diferente, sorprendente y tan mágica que -en lo más alto del Albaycín- creerás estar viendo el atardecer más hermoso del mundo. Y no es porque lo dijera Clinton (que lo dijo), sino porque realmente lo es....

miércoles, 6 de mayo de 2015

Ecos de bonanzas

Hubo mejores tiempos...

Cuando la tarde languidece renacen las sombras.... ¡y otra vez la canción!. Ya lo escribí por aquí alguna vez, y supongo que para reflejar alguna letanía de nostalgias empapadas de olor a humedad, a hoja de plátano de ciudad pisada, a meada de gato en los jardines o a chillidos de pájaros. Todo eso, y alguna sensación más de esas que, combinadas, nos hacen adorar Granada se junta en el nudillo urbano de la plaza de la Trinidad. 
Pero en su lado sur se amontonan los reclamos vacíos, los cierres echados para siempre y un extraño eco de años de bonanzas, de conversaciones de mostrador de aluminio y cristal y de comerciantes que iban madurando al compás de las generaciones del barrio.
El panel, de innegable inspiración ochentera-noventera, hace tiempo que dejó de llamar la atención para convertirse ahora en un abonado escaparate de plantas montaraces. Terminará por convertirse en un jardín vertical que oculte la tristeza del paso de una época, provocado a golpe de crisis.
Ni siquiera el brillo desmedido de las nuevas franquicias ahoga el dorado amargor de las imágenes que muchos guardan en la retina del tiempo: las bullas de compras de reyes, los regalos del día del padre... los relojes y casettes. Nada es lo que fue y nada es lo que será mañana mismo. Y lo que hoy consideramos cateto fue, una vez, parte de nuestro hacer cotidiano.

domingo, 19 de abril de 2015

La paloma coja

¡Qué poquito te queda....!
Ahorraos la interpretación despectiva que siempre se ha dado a la expresión. No voy por ahí ni la utilizaré jamás, ni por paloma ni por palomo.
Bien saben quienes me conocen la poca simpatía que despiertan en mí tan singulares y empalagosas avecillas; pero son seres vivos y como tales desprecio profundamente a quienes puedan hacerles daño... lo mismo que me produce una profunda tristeza contemplar una paloma atropellada en nuestras calles.
Atravesar la Plaza de la Trinidad es un reto para los que padecen la temida 'ornito-fobia'. No digamos Bib-Rambla o cientos de espacios céntricos de una ciudad en la que, a veces, uno teme que se le eche una bandada encima...
Pero esta me inspiró ternura. Y hasta la perseguí a duras penas porque tal vez temió que me la echase al talego o porque ya está harta de persecuciones infantiles. Mal corría "con los kilos al derecho" (como diría el capataz a una cuadrilla de costaleros), esquivando torpemente a los plácidos paseantes. Muy torpemente.
La sentí herida de muerte porque, a pesar de su lozanía, el 'muñoncillo' seco de su patita es un pasaporte -sine die- del paso del río Aqueronte de las aves ingenuas. A saber qué bicho le comió su garrilla, o que pedrada se la arrebató dejándola asimétrica y desprotegida. Tarde o temprano, un felino callejero de los que abundan en el entorno de Derecho o en la misma plaza terminará por darse un festín a costa de la 'cojita'... y, entonces, una más a abonar los setos primaverales de la plaza; porque estoy seguro que la paloma de la foto no verá el próximo verano y, ciertamente, no puedo evitar sentir pena por ella.

martes, 17 de febrero de 2015

La vida es una "pómpola"

Irresistibles
Con nuestros artistas urbanos de las 'pompas' de jabón nos ocurre como con los demás artistas urbanos. Esperamos y contemplamos su espectáculo o habilidades un tiempo justo, lo suficiente como para no comprometernos demasiado ya que -consideramos muy astutamente- que si nuestro papel de espectadores no sobrepasa el par de minutos, como que nos liberamos de tener que soltar unos centimillos... O aprovechamos que el hombre deja en el suelo los pomperos para salir medio-corriendo y disimulando que nos llaman al móvil. Pero si vas con el niño y este se planta embobado, lo único que se nos pasa por la cabeza es de qué forma vamos a sacar del bolsillo una moneda inferior al euro, sin que se note demasiado que no queremos sacar el euro. Tan clarito. ¡Confesad este pensamiento!. 
La cuestión es que tendremos siempre la predisposición moral de la dádiva, seguimos entendiendo esto como una dádiva y no como una labor con la que hay gente que se gana la vida. Unos tendrán más gracia y soltura, otros menos, pero ahí están currándose el jornalillo de manera honesta al tiempo que nos hacen sonreír un rato. ¿es que la sonrisa de los críos o incluso la nuestra vale menos de un euro?. ¡Venga, hombre!. 

domingo, 14 de diciembre de 2014

Las luces y las sombras

No me pierdo. Me busco por aquí
"Cuando la tarde languidece, renacen las sombras...". Seguro que ya sabéis como continúa esta canción. A mí me viene a la mente, pero no desde los cafetales, sino desde la ribera húmeda y encajonada entre los viejos muros que hacen serpentear al Darro antes de meterse en las entrañas de Granada.
En estos días fríos no da tiempo a disfrutar de un atardecer huidizo y tan breve como los propios días; pero en ese instante fronterizo las callejuelas pisadas, a diario, por miles de turistas o caminantes de  boca abierta... en esos minutos de tránsito desde una tarde sin vida a una noche extraña, el empedrado exuda silencios y te mete por las piernas una sensación que te cala hasta el estómago.
A quien viene por vez primera le asaltan las confusiones de una Granada que, por estos andurriales, hace un guiño al zoco de Tetuán, quizá porque la ciudad marroquí a muchos se nos antoja la gemela granadina en el norte de Marruecos. Se trata de un escenario ciertamente turístico, es evidente, pero la conjunción de los bazares con el marco arquitectónico, costumbrista y social de la ciudad es suave y cariñosa.
Más allá de esas lámparas de evocador resplandor, en la insulsa tarde casi invernal, está el ensueño que cada cual se quiera hacer mientras sube y baja cuestecillas, mientras resbala sin querer sobre los pequeños cantos gastados mientras se piensa -con cierto placer- en un lugar oculto y menos turístico para dar cuenta de un tapeo casi sublime.
Allá por donde las sombras renacen, donde la humedad hiere la nariz en cada inspiración, siempre hay un hueco feliz para ser turista en los propios sueños...

domingo, 30 de noviembre de 2014

El conciertazo

El rock de la siesta...
No era la hora prevista para el concierto callejero. Y no había más público que algún turista japonés despistado pero a la vez extraordinariamente sonriente... Tampoco llegué a preguntarles el nombre del grupo. Ni quienes eran.
Eran las cuatro de la tarde. Un momento en el que la voz desgarrada y potente del vocalista -el mejor que he escuchado en años- rebotaba una y mil veces contra los muros (también potentes) de la Chancillería de Granada.
Esos son los momentos. Mis momentos. Aquellos en los que aún no hay multitudes, y tienes el privilegio de ser espectador único y preferente. Alguno de ellos se preguntaría quién osaba dar vueltas en torno a un escenario todavía desnudo de destellos, pero rabiando a la vez por transmitir una música que a pie de acera multiplica su valor, por aquello de la tremenda y valiente osadía del directo de los directos: el que horas más tarde le metieron por los oídos a la ya bulliciosa plaza Nueva. 
En esta Granada de los encuentros no hay mañana ni tarde sin un concierto urbano que meterte en los sentidos y ciertamente la busco en mis paseos; pero lo de este grupo fue mucho más allá porque volvió a reiterarme en mis propias convicciones: ¡la de gente profesional que hay dando el callo!.
No quería que esta foto a traición quedase en el tintero. Me dejaron con la boca abierta y quería contarlo. Un conciertazo.

domingo, 2 de noviembre de 2014

"¡Por favo..... siniora!!

Un día, como otro cualquiera, las palabras son arrastradas por pasos rápidos y extraños. Foto: F. ANGUITA
La música de fondo de nuestros andares cotidianos es también la sinfonía de la pobreza. La escuchamos... o, mejor dicho, sólo la oímos intentando no entenderla porque se nos antoja cansina, repetitiva y hasta ofensiva para los sentidos. Hemos de reconocer que es así, así de dolorosamente cierto. Tal vez nos auto justificamos ideando una historia falsa para el joven negro del vasillo; quizá nos atempera el cargo de conciencia el hecho de creer que no están tan necesitados como parecen (vestidos con decoro, limpios, educados hasta el extremo...); puede que no nos terminemos de creer su pobreza; pero la pobreza también se muestra con manos limpias y con dicción perfecta de dos o más idiomas. 
Creo que es imposible dejar una moneda en cada vaso de Granada, por más que en el fondo todos lo querríamos; pero en aquellos vasos donde no haya lugar para nuestro dinero podíamos dejar -AL MENOS- una sonrisa cálida, incluso cómplice; pero nunca -JAMÁS- paternal, complaciente o condescendiente. 
Este joven, como tantos otros nunca albergaron la esperanza de convertirse en figurantes de nuestra cotidiana comedia, ni en maniquíes de un callejero comercial repleto de viandantes con bolsas de franquiciados. 
Siempre me han caído bien, siempre me inspiraron un profundo respeto y hasta una cierta admiración por su valor ante el desprecio social al que son sometidos y que, incomprensiblemente, nunca les hace perder la sonrisa. Pero de este sentimiento no quiero que nadie entienda que se desprende una bondad caritativa mal entendida, sino porque me asombra su extraordinaria dignidad como personas a las que no humillará jamás la miseria, por mucho "¡po favo...siniora!" que repitan una, otra y otra vez mientras caminamos disimulando que ni los vimos, mientras que nuestros pasos arrastran sus palabras y estas se quedan pegadas en el suelo de la calle Alhóndiga.
A quien no los comprenda, a quien molesten con su presencia que piense -aunque sea por un segundo- qué le pasaría por el cuerpo si tuviese que clavarse diez o doce horas diarias pidiendo una puta limosna. 

martes, 24 de junio de 2014

Carta de sensaciones

En cada rincón
Desconozco si Granada, al cabo de la 63ª edición de su Festival Internacional de Música y Danza habrá a terminado de darse cuenta de lo que este evento de resonancia mundial tiene para la ciudad. A veces da la sensación de que la capital lo mira un tanto de soslayo, aunque he llegado a la conclusión de que esto no es más que un detalle, como la aparente indiferencia de quien quiere a alguien o a algo solo por el hecho de la reiteración en el tiempo de un cariño que, al cabo de tantos años, puede parecer aletargado. Pero no. Eso es solo a veces. Creo que está claro que Granada no solo luce palmito con su festival, sino que lo ama en un profundo y reverencial silencio. El granadino lo vive en sus rincones, en sus mágicos escenarios y sabe escoger en la maravillosa carta de un repertorio anual cuajado de novedades y sorpresas. Y si, para colmo de bienes, una auténtica invasión cultural y turística se deja sentir en los cuatro puntos cardinales de la capital, mejor que mejor... ¡Que lo disfruten ustedes!. A ser posible bajo un cielo estrellado y con el rumor de fondo de surtidores mágicos y eternos.

domingo, 8 de junio de 2014

Hoy no me quiero recoger...

Más que un susurro
Los días se hacen tan pesados como eternos y el calor es un mazazo fuera de las calles entoldadas. Pero el anochecer trae regalo doble a la Granada de junio que se está "emperifollando" para sus fiestas: la suave templanza y la conquista de los susurros. A las diez de la noche la calle huele a un semi-fresco juguetón que te da en la cara a ramalazos, mientras que el sonido del agua invita a dar rodeos por las plazuelas en busca de una y otra de esos pequeños reinos de los sentidos que son las terracitas. Del Darro para arriba ni cuento, es el delirio. Más en el corazón de la ciudad conviene ir preparados para volver tarde a casa, porque la noche de comienzos de verano es como una novia antigua detrás de la ventana con reja cubierta de geráneos... hay que cortejarla hasta que los grillos se cansen de madrugada.

lunes, 26 de mayo de 2014

Un pellizco grácil

Con encanto
Se dice de las personas atrevidas que cualquier cosa que se pongan les cae bien. No es el caso de Granada, cuyo clásico porte ha conjugado siempre muy mal con a saber qué cosas, principalmente aquello en lo que desde un punto de vista arquitectónico ha sacado los pies del tiesto. Pero he aquí que este edificio ha hecho un pacto con la dama de recia estampa que es esta ciudad y en ella encaja tan bien como los guantes blancos y largos de Julia Roberts sentada en el palquillo de la ópera. No solo me cae bien este edificio, sino que me gusta porque es un pellizco grácil en el moflete del Realejo. Y ahí está, con su fachada cubriéndose de luz cualquier mañana de esta primavera rara en la que la magia parece escalar sus paredes como una hiedra caprichosa. Para mí tiene mucho encanto y además "cae bien".

jueves, 15 de mayo de 2014

El topicazo

No me canso de mirarte
No me canso de mirarte; por mucho que la reflexión sobre esta contemplación suene a topicazo, a recurso requetemanido. Pero ¿a alguien le puede resultar reiterativa y recurrente esta visión?. Definitivamente, no. Y es que por mucho que remires sus muros que, a esa hora, son de color ámbar o por mucho que siluetees en tu corazón el perfil caprichoso de su talle arquitectónico... por mucho que hagas eso y más, estarás descubriendo un algo nuevo e inexplicable que salpica cada segundo de su historia de siglos. Por eso nunca cansa este lienzo espectacular y único. Su clave y secreto es que su armonía y belleza se renuevan en nuestros sentidos cada vez que nos detenemos ante su perspectiva caprichosa y envolvente. Siempre hay una excusa para rebuscar tu hechizo desde las eternas calles y cuestas que serpentean en torno a ti como gatitos ronroneando y sobándose entre las faldas de tu legendaria hermosura. Siempre hay una excusa para acercarse a ti, pero sin entrar en ti... para que nuestros ojos se vuelvan a casa borrachitos de la inmensidad de tus siglos. Y me andaré con cuidado... hace tiempo que tengo la costumbre de quedarme embobado, desde Los Tristes, con la barbilla alta esperando un ramalazo de tu hechizo... no vaya a ser que me lleve el "regalito" de una paloma y maldiga mis enamorados versos hacia ti con algún improperio "barruchón" que se cargue la magia del momento... ¡Ay, Granada!.

lunes, 5 de mayo de 2014

Volver...


Esta noche... quiero volar / F.A.
No hace falta la observación de que la foto está mal hecha. Es evidente. Claro que subiendo cuestas a las dos de la madrugada no andaba uno pendiente de la faceta más artística del momento y sí, no obstante, por beberme la noche a sorbos largos y pausados. 
Desde las alturas, Granada es inmensa. Desde cada ángulo es una Granada diferente. Son cachos de la Granada envuelta en un celofán ámbar; un regalo delicioso que te va dejando embobado hasta que finalmente te sientas en algún poyete y te dedicas a contemplar. Jamás será igual al día anterior. La luciérnaga urbana se extiende y resulta confusa de distinguir hasta en sus formas más elementales; se vuelve de todas las épocas y de ninguna a la vez, pero la magia de la nocturnidad es de tal envergadura que más que asombrarte te hace una mueca en el alma para que jamás olvides que una noche, ella, la Granada intemporal, te rebanó los sentidos para que sintieses, una y mil veces, la necesidad inmensa de volver... como su horizonte de luces.

jueves, 24 de abril de 2014

Tonto






A mí esta ciudad me tiene tonto. Pero de remate. Por mucho que la conozcas, hay días en que parece que estás descubriendo un continente nuevo, un mar urbano que no hubiese sido navegado jamás. Me confieso embobado si hace un día espléndido; ensimismado si se nubla; maravillado si nieva y arrebatado en mí mismo en esas noches casi legendarias que nos regala la Granada de siempre.
Esta vez la excusa fue un callejeo matinal de un Viernes Santo sorprendentemente veraniego. De un par de pasos previstos a más de dos kilómetros dando vueltas y vueltas por un Realejo que se ofrecía radiante como una novia y exultante como un tenor el día del estreno. 
Puede ser que yo mismo me cansara de escucharme exclamar y admirar cada callejuela; tal vez andaba resacoso de emociones después de una noche de Albaicín de clamores y amores, arrojados a la Concha, Estrella y Aurora desde cálidos y preciosos balcones de calles imposibles... no se, el caso es que el impresionante dédalo de estrechuras cruzadas se iba ensanchando cada vez más y nos sorprendió el mediodía olfateando olor a pueblito en la espesura de un Realejo eterno.
Sonaban cornetas aquí y allá, mientras que se sumaban colores y aromas dulces y melosos por las cuestas extrañas, por los empedrados que se elevan hasta los siempre elegantes cipreses granadinos.
Imaginamos entonces estar viendo por vez primera una porción encantada de una ciudad mágica. Recoleta aquí, huidiza allí, temerosa por todos lados y juguetona con nuestros sentidos. 
No me hizo falta una cañita fresca; andaba ya con la tontería subida a la cabeza y feliz por el hecho de sentirme feliz en ese pueblo inmenso que la capital tiene arropado y escondido en su ser profundo.... y tonto me quedé.
P.D... Bueno, la cañita si cayó después.

lunes, 7 de abril de 2014

El Tabernáculo

En este lugar se sale ¡de frente!
Es El Tabernáculo y está en la calle Navas. Creo que sobran las explicaciones y el contar que uno tras otro se alinean los enclaves donde alternar el tapeo con la evocación cofradiera. Quizá no le quede al local ni un solo centímetro cuadrado de pared sin tapiz de santos y quizá no falte ni uno solo de los años de buenos momentos del último cuarto de siglo... la cervecita se empapa de conversación pausada y de a saber qué pensamientos de esos que se atesoran entre nubecillas de incienso. Esta calle, "santuario" del turismo granadino que va de cañitas tiene, con todo, un olor especial escondido tras las barras con solera de algunos establecimientos en los que hay noches en los que no puedes evitar hablar en voz baja y respirar profundo. Este es uno de ellos. 

lunes, 31 de marzo de 2014

El puestecillo de José Luis

Donde los olores nos lleven...
Granada es una ciudad donde puedes pasear solo por la calle sin sentirte solitario. Si hay que me gusta en mis largas tardes de paseos sin rumbo fijo es la conversación espontánea, el encuentro casual, el sentirte parte de ese engranaje humano que mueve las tornas de una ciudad única y esencial.
Busco siempre en mi periplo el cogollo siempre fresco y dicharachero de la Plaza de la Universidad. Me gustan las prisas de sus estudiantes, el ambiente de "escaqueo" de una tediosa clase de Civil o el cafelillo conversado de los estudiantes en las terracillas. 
Desde allí es inevitable dirigirme por San Jerónimo, intentando caracolear para aparecer en la otra punta, allá por Ciencias... Quizá busco inconscientemente la excusa de los olores. Los que sea Navidad, Verano, Otoño y, por supuesto... Semana Santa, nos meten de bruces el incienso por las narices, convirtiendo nuestro paseo en un sortilegio mágico que nos pone soniquetes de tambores en la mente y nos hace entrever el espejismo de un par de buenas levantás de Borriquita a las mismas puertas del Perpetuo Socorro.
Se llama José Luis, es un joven atento y cordial. Sus aromas de incienso son ya tan de Granada como la Fuente de las Batallas. Lavanda, romero, canela... hablamos de tantas mezclas posibles que aún creo tener en la retina de mi memoria olfativa el dulzor del humo blanco que sembraba la mañana granadina de toques de llamador y racheo de zapatillas. José Luis siempre está ahí y como decía antes si algo me gusta de andurrear por esas calles de Dios es pararme con gente que está ahí para que converses con ella. 
No paséis de largo, este hombre se gana la vida de manera honrada haciendo que su incienso nos haga evocar (y quien sabe si hasta llorar, ante ciertos recuerdos), de manera que la mañana se nos meta en los pulmones como un empujón del alma. ¡A esta es....!